Víctimas del conflicto interno no podrían inscribirse más para reparaciones
Lima, Perú (Spacio Libre).- Días claves los que vivirán las víctimas del conflicto armado interno entre 1980 y 2000, pues dentro de 3 días (31 de diciembre) finalizarán las inscripciones en el Registro Único de Víctimas (RUV) para recibir las reparaciones civiles, a causa del Decreto Supremo N°051-2011-PCM, que se aprobó durante los últimos días del gobierno de Alan García.
Ante los hechos, Spacio Libre se comunicó con Gisela Ortiz, integrante del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), y hermana de Enrique Ortíz, uno de los estudiantes ejecutados y desaparecidos en La Cantuta; y con Jairo Rivas, secretario técnico del Consejo de Reparaciones y estas fueron sus declaraciones:
Decreto Supremo 051:
Lo que establecía el decreto era en un principio que el Registro Único de Víctimas (RUV) cerraría el 31 de diciembre de este año. El monto de las reparaciones económica individual sería de 10 mil soles con algunas características para algunos beneficiarios como el tema de la edad, para los pobres que sean mayores de 80 años, y para el caso de los viudos o viudas mayores de 60 años. (Gisela Ortiz)
Tema 1: Plazo para las inscripciones ¿discriminación?
Nosotros desde el primer momento hemos manifestado nuestra disconformidad con ese decreto. Primero porque cuando se creó el Registro Único de Víctimas, el sentido de la ley era que sea un registro permanente, no solo porque hay muchas gente que está desinformada, muchos familiares, sino también porque el Estado nunca le dio presupuesto al RUV para que pudiera hacer visitas a cada una de las comunidades para recoger información de las víctimas, y por ende inscribirlas. Creo que falta un 20 o 30% de personas que se quieren inscribir.
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Defensoría: Diálogo no sólo puede producirse en momentos de crisis

Video: Canal de la Defensorìa del Pueblo en YouTube
Lima, Perú (Tomado del blog de la Defensoría del Pueblo).- El Adjunto para la Prevención de Conflictos Sociales y la Gobernabilidad de la Defensoría del Pueblo, Rolando Luque, mostró su preocupación por la continuidad de la medida de fuerza de la población de Islay en el contexto de las protestas contra el proyecto minero Tía María de la compañía minera Southern Perú.
El vaivén eterno de los ambulantes limeños
Desde que tengo uso de razón, osea hace mucho, recuerdo a Lima, al menos el centro, lleno de ambulantes. Como olvidar esos recorridos extremos en plena avenida Abancay entre los vendedores de golosinas, comida, gaseosas, medias, calzoncillos, hasta camisetas de los equipos de fútbol favoritos.
Como no recordar el sorteo de obstáculos que significaba transitar por la avenida Tacna, entre turrones (¿en junio?), golosinas, cebiche, casettes piratas, walkmans de dudosa calidad, audífonos de cinco lucas y más. Quien tiene más de 30 años puede recordar fácilmente que esto también se repetia en el Mercado Central, la antigua Polvos Azules (detrás de Palacio), Jirón de la Unión, Mesa Redonda y otras zonas de Lima.
Esos seres humanos que se desgañitaban la garganta ofreciendo sus productos, han sido catalogados, erróneamente, como vendedores ambulantes. Digo erróneamente, porque ser ambulante significa moverse de un lado a otro, transitar libremente por diversas zonas sin ser correteado por las autoridades. En la antigua Lima, esos ambulantes eran los vendedores de zanguito, revolución caliente, los lecheros, etc.
El zanguito, se convirtio en melcochita, la revolución caliente en ceviche mixto con su leche de tigre más y la leche en “Lulú” heladita. Con la diferencia de que estos señores tenían su espacio bien delimitado en la avenida, llegaban a la mañana, instalaban su carretilla, o triciclo, y se ponían a vender, libremente.
